Igancio González, los puticlubs y un proxeneta que cuenta cómo es su negocio

Las grabaciones de la Guardia Civil en la Operación Lezo están aireando conversaciones espeluznantes. Entre otras cosas, Ignacio González, mano derecha de Esperanza Aguirre  (a la que llama hija de puta en estas grabaciones) da unos consejos a un amigo empresario que tiene problemas con unos hoteles que no le dan beneficios.

-González: ¿No puedes poner ahí un puticlub con habitaciones cojonudas?

-Amigo empresario: “Lo hemos pensado todo ya… Palencia está llena de puticlubs…”

-González: “Bien dotados”

-Amigo empresario “Al lado de Palencia, donde teníamos la fábrica de azúcar… hay uno que te caes para atrás”.

Estos expertos en puticlubs de carretera, usuarios que los conocen bien, como ellos mismos dicen en sus conversaciones, son partícipes del negocio que explotan mafiosos como Miguel ‘El Músico’, un proxeneta arrepentido que ha hecho una confesión detallada de sus actividades a la activista contra la trata de mujeres Mabel Lozano, que lo cuenta todo en su libro ‘El proxeneta’.

“Fui tratante de mujeres durante más de veinte años. Las compré y vendí como si fueran ganado”, explica El Músico, uno de los grandes capos de la trata y secuestro de mujeres extranjeras. En 2016 se identificaron 14.000 víctimas de trata en España. ¿Cómo no se iban a tener en cuenta este negocio tan rentable Ignacio González y sus amigos, si se mueven alrededor de cinco millones de euros al día en prostitución en este país?

El proxeneta le explica a Mabel Lozano en el libro que en este negocio a las mujeres hay que verlas “como la Coca-Cola que vendes, y hay que tratarla como tal. Si te involucras en su vida o en sus problemas, te puede afectar, porque esa mercancía tiene sentimientos”.

proxenetaLa forma de operar es la misma y las víctimas tienen el mismo perfil: pobres, guapas y con familia que dejan en sus países de origen. Los proxentas van a la caza, les ofrecen un trabajo en España para salir de la miseria. Cuando llegan, descubren que se van a dedicar a la prostitución y empieza su calvario. Tienen que pagar una deuda que cada vez se hace más grande, les cobran por el viaje, por la ropa que usan, por los papeles, por la atención médica, una cuota por ejercer. Cuando se dan cuenta de que la deuda no se saldará nunca, empieza su decadencia física y psicológica.

“No se me iba de la cabeza el dolor y la desesperación de sus rostros o la transformación de sus miradas de niña, llenas de ilusión y esperanza, en miradas vacías, huecas, sin expresión. Tampoco las sonrisas a su llegada que el tiempo transformaba en puras muecas… Todo por haberse encontrado en la vida con gente como yo, capaz de motivarlas, engañarlas, manipularlas y dominarlas, aprovechando su vulnerabilidad, su pobreza, su mala suerte…”  cuenta en el libro El Músico, que ha cumplido una pena de cárcel y se arrepintió cuando se enamoró de una de las víctimas. Según dice, después empezó a ver a las demás chicas como personas y no como mercancía.

Y por último, un dato alarmante, los jóvenes consumen cada vez más sexo de pago. 

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