La mujer, alma (esclava) del hogar

Entre los manuales dedicados a educar a mi abuela y a mi madre, cuyas consignas quedaron grabadas en sus cerebelos y a mí me ha tocado sufrir, mi libro favorito es ‘La mujer, alma del hogar’, escrito por Celia de Luengo. Siento hacia él la misma atracción que alguien con vértigo siente hacia el abismo. Me da pánico pero no puedo dejar de destriparlo. Aquí os dejo una foto de su desvaída portada para demostrar que es real.

Manual para educar a las mujeres

Antes de entrar en materia, el prólogo sienta las bases de su filosofía y afirma, sin que tengamos noticia de que a la autora se le cayeran los dedos de las manos al escribirlo, cosas como esta: “¡Cuántos hombres de talento, cuántos grandes artistas han fracasado o no han llegado a la meta de sus aspiraciones y de sus méritos por encontrar en la incomprensión de su compañera la rémora de sus triunfos!“.

Así que ella, a la que no se le puede ni pasar por la cabeza triunfar en algo en la vida, también será la culpable de los fracasos de su marido. Porque el librito está dirigido a las mujeres que se casan y, como dice la autora al final del prólogo, hay que educar a las mujeres para que estén contentas dentro del hogar y así “su vida útil, benemérita de altruismo, se alejará de las torturas del ridículo y las inconfesadas amarguras de las solteronas (…) desdichadas desahuciadas de la vida”.

Antes de hablar de las ‘desdichadas solteronas’, la señora de Luengo nos da una lección de feminismo, porque ella sabe muy bien de lo que está hablando: “El feminismo, el verdadero, no la mujer-hombre, ha existido siempre puesto que empezó a ponerlo en práctica Eva con Adán. El hombre se ha tragado la manzana siempre que la mujer ha querido”. 🤔🤔

Y analiza el momento histórico en el que el orden mundial de los hogares saltó por los aires: “La guerra mundial fue para la mujer como el salto del tapón. La espuma salió de la botella, loca, desordenadamente. La mujer salió del hogar, invadiendo todos los terrenos. Unas, por un feminismo mal entendido, se han convertido en un pavoroso problema para el hombre. La tan manoseada ‘protección a la mujer’ se ha convertido en desamparo para el hombre. La compañera se ha transformado en rival”.

Hasta aquí, el prólogo de ‘La mujer, alma del hogar’. No sé cuántos ejemplares vendió y a cuántas mujeres llegó, pero el que ha caído en mis manos es de la tercera edición, así que me imagino que habrá llegado a las ‘almas de unos cuantos hogares’.

 

 

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