Las Sinsombrero: la breve vida de Marga Gil Roësset

Cuando yo iba al instituto tenía uno de esos profesores de literatura que te ayudan a descubrir un mundo apasionante en los libros. En mi casa teníamos una edición maravillosa con tapas de piel de las obras completas de García Lorca; cuando la leías sentías que tenías algo valioso en las manos. Entre una cosa y otra, me hice superfan de la Generación del 27, yo quería teletransportarme y aparecer en la Residencia de Estudiantes para hacerme amiga de Lorca, Buñuel, Dalí, Alberti y todos los demás, y soñaba que me iba con ellos a la casa de Pablo Neruda, donde hacían fiestas surrealistas y se lo pasaban pipa.

Muchos años después descubrí que en ese grupo de jóvenes de un talento excepcional también había chicas de las que nunca había oído hablar. Unas mujeres con tanto talento como ellos a las que se conoce como Las Sinsombrero (porque quitarse el sombrero en esos tiempos era un acto de rebeldía). Pero mis libros de literatura no se las mencionaban y sus propios compañeros de generación ni siquiera las nombraron en sus memorias.

¿Cómo es posible que me pasara la vida ignorando que las amigas íntimas de Lorca y Dalí eran Maruja Mallo y Margarita Manso? Nadie me contó que Buñuel había sido novio de Concha Méndez, poeta, dramaturga y editora. Ni que los surrealistas franceses cayeron rendidos ante el talento de Maruja Mallo y André Breton le compró un cuadro. Y que en ese grupo de artistas rompedoras también estaban Ernestina de Champourcín, Josefina de la Torre o Marga Gil Roëset.

Marga Gil, la niña precoz

(Puedes leer la historia ampliada en este artículo de Yorokobu)

En 1920 se publicó el cuento ‘El niño de oro’. Las autoras eran dos niñas: Consuelo, de 15 años, autora del texto y su hermana Marga, de doce, que hizo las ilustraciones. Las dos hermanas eran grandes lectoras y estaban fascinadas con Rabindranath Tagore, así que decidieron agradecer a la mujer que tradujo la obra del escritor bengalí, Zenobia Camprubí, regalándole un ejemplar del libro que acababan de publicar con la siguiente dedicatoria: “A usted, que no nos conoce pero ya es nuestra amiga. Consuelo y Marga”.

Cuando Marga tenía trece años, las hermanas publicaron en París otro cuento que dejó a los críticos asombrados, ‘Rose des Bois’. Una reseña literaria en Le Figaro lo describía así: “Dos niñas, dos hermanas, de rara precocidad, unieron sus talentos juveniles para la realización de este lujoso libro. (…) Lo más sorprendente es que quien ilustra esta maravillosa historia tiene solo trece años, pero los hermosos cuadros que ella plasmó en este libro de lujo son de una composición y una riqueza imaginativa que podrían atribuirse a un dibujante conocedor de todos los recursos y secretos de su arte”.

A los 15 años Marga cambió el dibujo por la escultura y siguió sorprendiendo a todos por su capacidad para extraer de la piedra obras de una fuerza que resultaban increíbles viniendo de una chica tan joven y de constitución tan delicada. A la edad de 22 años expuso su rotunda escultura ‘Adán y Eva’ en la Exposición Nacional de Bellas Artes y la critica cayó rendida a sus pies.

zenobia

En esa época tuvo lugar un acontecimiento que a Marga le causó una gran ilusión: conoció personalmente a Zenobia Camprubí, la traductora a la que admiraba desde niña, casada con el poeta Juan Ramón Jiménez. Cuando ambos vieron la obra escultórica de Marga, Zenobia dijo que “se desprendía el mismo sentimiento de tristeza morbosa y sofocante que en los dibujos infantiles”. Marga quiso hacer los bustos de la pareja y empezó por el de Zenobia. La joven escultora era feliz junto al matrimonio.

Pero entonces ocurrió algo que iba a desencadenar una tragedia: se enamoró profundamente de Juan Ramón Jiménez. Marga, que en ese momento tenía 24 años, no pudo soportar esa situación. Un día se acercó a la casa de sus amigos y le entregó su diario a Juan Ramón. “No lo leas ahora”, le pidió. Después escribió tres cartas de despedida, una de ellas para su amiga Zenobia, en la que le decía: “¡Me he enamorado de Juan Ramón! Perdóname, Azulita, por lo que si él quisiera yo habría hecho”.

Marga fue a su taller, destruyó algunas de sus mejores esculturas, menos el busto de Zenobia, y después se disparó un tiro en la sien.

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