El Lyceum Club Femenino: la sublevación de las faldas

Esta historia ocurrió hace casi un siglo, cuando un grupo de mujeres se rebeló contra quienes las querían convencer de que estaban hechas para servir mucho y cultivarse poco. Ellas se unieron en el Lyceum Club e hicieron oídos sordos a quienes las acusaban de ser las impulsoras de una ‘sublevación de las faldas’. María Teresa León lo explicó así de bien en sus memorias: «En los salones de la calle de las Infantas se conspiraba entre conferencias y tazas de té. Aquella insólita independencia mujeril fue atacada rabiosamente. El caso se llevó a los púlpitos, se agitaron las campanillas políticas para destruir la sublevación de las faldas (…) Pero otros apoyaron la experiencia, y el Lyceum Club se fue convirtiendo en el hueso difícil de roer de la independencia femenina». Puedes leer la historia completa en Jot Down
El Lyceum Club Femenino, que se declaró laico y abierto a socias de cualquier ideología, se fundó en 1926 en la calle de Las Infantas de Madrid. La idea de asociarse en un club femenino surgió entre el grupo de mujeres que gravitaban alrededor de la Residencia de Señoritas, el lugar que allanó el camino para que las chicas de cualquier rincón de este país pudieran ir a la universidad. Las socias del Lyceum trabajaron duro. Ellas pusieron en práctica el concepto de sororidad: analizaron los códigos civil y penal para ser conscientes de su propia situación legal, fundaron una Casa del Niño para educar y alimentar a los hijos y las hijas de muchas trabajadoras y se dedicaron a fomentar la cultura entre las mujeres. Como dijo la escritora María Lejárraga, ese Club era «un rincón con un poco de lumbre, silencio y muchos libros» donde las mujeres podían «aprender por su cuenta algo de lo mucho que ni la familia ni el Estado se han preocupado de enseñarles». Como todas las obras iniciadas por las mujeres en las primeras décadas del siglo XX, la vida del Lyceum Club Femenino terminó cuando en España empezó la dictadura. En 1939, la Sección Femenina lo transformó en el Club Medina y, como ya sabemos, su obsesión fue hacer entrar en vereda a aquellas liceómanas que se habían atrevido a desertar del hogar. Unas partieron al exilio, otras fueron depuradas y las demás renunciaron a sus sueños y se resignaron a vivir en la sombra. Y durante muchos años todas sus voces permanecieron silenciadas.
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