Neus Català, la enfermera republicana que saboteó a los nazis en Ravensbrück

París acaba de inaugurar una calle dedicada a Neus Català con una placa que dice: «Allée Neus Català (1915-2019). Republicana española. Resistente. Deportada a Ravensbrück». La vida de esta enfermera que saboteó a los nazis desde el interior del campo de concentranción de Ravensbrück podría ser contada en una serie, porque en una película no cabría.

Neus fue una activista antifascista y feminista que sobrevivió a dos guerras y a un campo de concentración y vivió 103 años. Nació en un pueblecito de Tarragona y ya de pequeña se preguntaba por qué a su hermano le daban estudios y a ella no (y hay quién se pregunta por qué una es feminista) de modo que en cuanto pudo, se a fue por su cuenta a Barcelona a estudiar enfermería. Después de graduarse trabajó en un orfanato, ya había estallado la Guerra, y se vio obligada a huir del país con los 180 niños que cuidaba. Por suerte, pudo llegar a Francia con todos los niños y ponerlos a salvo.

Había sobrevivido a la Guerra Civil, pero en Francia se enfrentó de nuevo al horror. Ella y su esposo empezaron a colaborar con la Resistencia contra los nazis, pero alguien del pueblo francés donde vivían los denunció justo cuando tenían hechas las maletas para salir de allí, porque sabían el peligro que estaban corriendo en ese momento. Neus fue torturada en la cárcel de Limoges y así, con una mandíbula rota, la metieron en uno de los trenes de la muerte con destino al campo de concentración de Ravensbrück. Dijo que al llegar solo quería morirse, pero una vez que superó los primeros días, su empeño fue salir de allí con vida para contar lo que había visto. Según le contó en una entrevista a Montserrat Roig, las mujeres deportadas eran “las olvidadas entre los olivados”.

Neus llevaba como talismán una frase que le decía su padre cuando era niña, «nunca te acobardes y no le bajes la mirada a nadie». Eso la ayudó a sobrellevar ese infierno con sus compañeras del campo, formando una estrecha red de apoyo entre ellas y enfrentánadose a sus carceleros de la única manera que podían. Neus y otras prisioneras se atrevieron a sobotear las armas que tenían que fabricar, metían moscas y escupían en la munición para dejarla inservible, y los nazis creyeron que las cosas salían mál porque eran unas inútiles; las llamaban «comando de gandulas».

Margarita Català, hija de Neus, dijo durante la entrega de la Medalla Grand Vermeil del Ayuntamiento de París que es importante que las nuevas generaciones conozcan testimonios como el de su madre porque lamentablemente “la extrema derecha está levantado la cabeza” en España.

Puedes leer su historia en forma de cuento en #nomecuentescuentos

Neus Català, la enfermera que plantó cara a los nazis

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