Sobre mí

La pregunta que más repetí durante mi infancia fue: “¿Por qué mi hermano sí y yo no?”. Y la respuesta que me daban siempre era “porque él es chico”. Cuando empecé a trabajar, en mi casa me dieron este consejo: “Tú haz siempre lo que te manden”. Y cuando me casé, una noche en la que llegué derrengada del trabajo después de un día estresante y caí desplomada en el sofá, mi madre que estaba de visita me preguntó sorprendida cuando apareció mi marido, “¿No te levantas a hacerle la cena?”.

Así me educaron a mí y a todas las mujeres que me precedieron en mi familia. Con estas influencias, cumplir mis deseos a lo largo de mi vida ha sido más difícil que un romance entre Trump y Kim Jong-un.

La generación anterior a la mía fue educada en la mística de la feminidad y salió escaldada. A pesar de todas sus contradicciones, para mi madre, que se empoderó ella solita, la prioridad era que yo fuera independiente y me dio todas las facilidades para estudiar y conocer mundo. ¡Gracias, mamá! Por suerte, en mi vida también han influido unas cuantas amigas indómitas que me han inspirado y me han dado su apoyo.

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